LITERATURA Y TICs
SEÑO KARINA
LUNES 31 DE AGOSTO.
(31/08/2020)
1-) Lee atentamente las siguientes leyendas.
Leyenda:
La flor del Irupé.
Cuenta la Leyenda que, hace mucho tiempo, a orillas del río Paraná, tenían sus asentamientos las tribus guaraníes. Allí vivía Irupé, una joven que añoraba parecerse a la luna; quería tener su blanca piel y su hermoso resplandor, así que todas las noches se quedaba mirando al astro esparcir su luz desde las alturas.
Un día, subió a los árboles más altos e inútilmente tendió los brazos para alcanzarla y tomar aunque sea un poco de su resplandor, pero se daba cuenta de que era inalcanzable. Sin perder la esperanza y cegada por su terquedad, trepó a la montaña y allí, en la cima, estremecida por los vientos, esperó poder alcanzar la luna pero también fue en vano. Entonces caminó y caminó, por largas llanuras, para ver si llegando a la línea del horizonte la podía alcanzar, hasta que sus pies empezaron a dolerle y decidió volver a su tribu.
Una noche, al mirar en el fondo de un lago, vio a la luna reflejada en la profundidad y tan cerca de ella que creyó poder tocarla con las manos. Sin pensar un momento se arrojó a las aguas y fue a la hondura para poder tenerla. Tan hondo nadó la joven, que desapareció entre las aguas y nunca más se supo de ella.
Se dice que Tupá, dios supremo de los guaraníes, creador de la luz y el universo, decidió darle un regalo y convertirla en una hermosa flor cuyas hojas tienen la forma del disco lunar, de hojas redondas que flotan sobre el agua y cuyos pétalos del centro son de un blanco deslumbrante, como la luz de la luna, y los envuelven amorosamente pétalos rojos, como los labios de Irupé.
Leyenda: La flor del Ceibo.
Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita llamada Anahí. En las tardecitas veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu con canciones inspiradas en los dioses del fuego, del aire, del agua y de la tierra que habitaban. Pero un día llegaron los invasores, hombres de piel blanca provenientes de tierras muy lejanas, más allá del horizonte, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras y su libertad.
Anahí fue aprisionada junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando, varias noches meditando y planeando una forma de escapar para pedir ayuda a las tribus vecinas, hasta que un día el guardia que la vigilaba se quedó dormido y la indiecita se dio a la fuga. Corrió rápido y sin mirar atrás, pero hizo demasiado ruido y despertó a los invasores, que salieron a perseguirla con antorchas hasta alcanzarla. Enfurecidos por la desobediencia de la indiecita, prendieron fuego a su alrededor, dejándola sin escapatoria; pero el dios fuego no quería lastimar a Anahí, él quería protegerla, así que comenzó a crecer, haciéndose más poderoso y creó una barrera que separó cada vez más a la indiecita de los invasores.
Cuando las llamas cesaron, los españoles descubrieron que Anahí se había convirtiendo en un árbol, que hoy conocemos como árbol del ceibo, y al siguiente amanecer, se encontraron ante el espectáculo de un hermoso florecer de verdes hojas relucientes y flores rojas aterciopeladas, que se mostraban en todo su esplendor, como símbolo de la valentía y la fortaleza de Anahí.
2-) Teniendo en cuenta la lectura y reflexión de las dos leyendas, completa el siguiente cuadro, donde sea necesario:
3-) Dibuja las flores a las que hacen referencia las leyendas.



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