Aventura en la montaña por Alexis Ludueña
La nevada intensa que cayera durante la noche había cubierto techos, caminos, árboles... Los turistas que acababan de llegar estaban fascinados con el paisaje.
Prepararon los esquíes para comenzar a divertirse en la blanca y fría nieve. el primer problema sucedió cuando intentaron abrir las puertas para salir al jardín del hotel, pero estaban trabadas por una montaña de nieve. No quedaría otra que sacarla para armar un camino que les permitiera llegar al autobús que los esperaba para llevarlos a las pistas. Llamaron a la máquina quita nieve para que les ayudará a sacar la nieve de la puerta para poder salir y tomar el autobús para ir a divertirse en la pista. Una vez que la familia subió, papá, mamá, y los mellizos Paula y Santiago; el colectivo se puso en marcha hacia la montaña. Mientras viajaban podían ver las montañas de nieve sobre los vehículos estacionados en la calle. Esa nieve esta sobre los autos porque los chicos que jugaban a las guerritas de nieve sin querer les tiraban sobre ellos. Siguieron la marcha...En mitad de camino se empezó a frenar el autobús y la familia preocupada preguntó qué pasaba y el conductor les dijo que se había roto el autobús. Todos se asustaron porque pronto iba a oscurecer. Cuando el conductor se bajó a revisar vio que no era nada grave que solo se quedaron sin combustible. A lo lejos venía un auto y le pidieron combustible para poder llegar. Como había comenzado a nevar nuevamente y ya habían demorado mucho por el incidente del combustible, la guía que los acompañaba tomó la decisión de regresar al hotel antes que oscureciera y dejar la excursión para el día siguiente. Cuando la guía les dijo que debían volver Paula y Santiago estaban tristes porque no pudieron bajar por primera vez la montaña que era su sueño. Esa noche no pudieron dormir. Al otro día fueron los primeros en levantarse para salir de nuevo a la excursión. Ansiosos decidieron sentarse en los primeros asientos del bus, así no se perderían nada. Camino a las pistas, observaban detenidamente la maestría del chofer para manipular un vehículo tan grande y alto por esos caminos de montaña llenos de hielo y tan resbaladizos. En algún momento creyeron que no había sido buena idea sentarse adelante, los precipicios los atemorizaban. Y decidieron volverse para atrás y el conductor les dijo no pasa nada ya estoy acostumbrado a viajar por acá y nunca paso nada malo.
Después de eso se sintieron
seguros y siguieron disfrutando del paisaje. Al llegar a la sima de la montaña
Paula y Santiago dijeron aleluya nos podremos tirar por fin, y se prepararon
todos para una nueva experiencia
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