EL MONSTRUO DE
LAS MONTAÑAS ROCOSAS por Matías Osler
Una serena noche de verano, el barco se deslizaba
silenciosamente por las aguas tranquilas del lago sin que los marineros
pudieran sospechar lo que les esperaba más adelante.
Sus mentes estaban tan tranquilas sin sospechar que más adelante se encontrarían con una gran sorpresa. Siguieron navegando hacia el norte, según como les indicaba la brújula, empujados por los suaves vientos de la región. Como la noche estaba tan tranquila pudieron escuchar perfectamente un sonido desgarrador que provenía desde las montañas cercanas al lago que navegaban. Y de pronto vieron una sombra misteriosa en la cual despertó su curiosidad. La sombra venía desde las tierras montañosas y se elevaba sobre el barco cubriendo la luz de la luna llena que iluminaba el paisaje esa noche. Los hombres temblaron de frío y también de miedo, pero su curiosidad fue más grande que el miedo. Intentaron investigar que podría ser lo que escondía las misteriosas montañas y que tanto asustaba a todos los integrantes del barco. La sombra escurridiza fue envolviendo a la nave y los tripulantes sintieron como que flotaban en el aire. Durante largos minutos todo fue silencio y temor. Cuando la niebla se fue diluyendo, los hombres no podían creer lo que veían a su alrededor. Se asombraron al ver el monstruo de cabeza grande, con 6 patas, el cuerpo pequeño, una cola larga; y en su nido ciento de huevos de colores. Estaban paralizados, no sabían que hacer. El animal dormía y si ellos hacían un movimiento en falso, podía despertarse y ellos serían su cena. Con mucho silencio y muchos temores intentaron cruzar sin ser una molestia grande bestia la cuál con sus ronquidos era capaz de dejarte sordo; los marineros estaban aterrorizados. Cuando ya casi habían logrado superarlo, un pequeño remo que llevaba el barco a su costado rozó la piel del monstruo y lo despertó. Los hombres contuvieron la respiración mientras veían que esa enorme mole se elevaba hacia arriba. Pensaron lo peor
Era tanto el miedo que tenían, que algunos marineros caían al suelo muertos del susto, pero el gran monstruo solo intentaba cuidar a sus pequeños huevos. Era tan fuerte su rugido que cada vez que gritaba se desprendían grandes rocas de las montañas. Algunos marineros lograron escapar a tan grande animal de fuertes garras y dando a entender que él y solamente él era el dueño de ese lugar. Los tripulantes lograron entender el mensaje y nunca más volvieron a molestar al monstruo dueño de ese espacio.
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