EL GIGANTE Y EL CABALLERO por Tiago Videla
El caballero de hermosa armadura se bajó de su caballo que
se mostraba inquieto y revisó las huellas que acababa de encontrar. La forma y
el tamaño lo alarmaron. Sabía de qué se trataba.
Cuando se alarmó el caballo quiso disparar, y un hombre que
estaba ahí al lado lo agarró para que no se escapara. Volvió a dejar huellas al
correr el caballo. Parecía que había tapado las huellas que el caballero
encontró, pero este se quedó pensando en el peligro que lo esperaba si sus
sospechas eran ciertas. Muchas veces había visto esas huellas antes, no podía
ser más que del gigante horrendo que habitaba en una cueva en las
montañas.
El gigante salió de su cueva a ver si andaba el caballo por ahí, y a lo
lejos lo vio, y él se preguntaba que le pasaría. Después se metió porque tenía
miedo; no sabía qué le pasaba al caballo y se quedó con miedo porque también
vio al caballero con su armadura. El gigante se dio cuenta que alguien lo
estaba buscando afuera de su cueva; si habían llegado hasta su montaña seguro
que era para cazarlo porque se había acercado demasiado al pueblo y lo creían
peligroso para sus habitantes. Al ver al caballo más al lado, vio muchos
habitantes que estaban en un pueblo. Él se dio cuenta que era un peligro para
los habitantes, agachó la cabeza, se sentó en su humilde cueva y se puso a
pensar porque le tendrán miedo si él no les hacía nada, solo vivía ahí cerca
porque no tenía a donde vivir, y se quería quedar porque era muy buen pueblo.
El caballero vio la preocupación del gigantón en su rostro y le dio pena; en
ese momento decidió ayudarlo. Se acercó despacio para no asustarlo ni enojarlo
y comenzó a hablar con él. Le dijo que, si se acercaba a la gente y los
ayudaba, el pueblo empezaría a confiar en él y tomarle cariño.
El gigante se levantó de la puerta de su cueva, y decidió ir
al pueblo a hablar con las personas. Allí les dijo que no le tengan miedo, que él
era muy bueno y que no comía personas; así todos lo terminaron queriendo.
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