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EL AMIGO LUNÁTICO por Timoteo Ricarte

EL AMIGO LUNÁTICO por Timoteo Ricarte

 La nave se acercaba sigilosamente al borde del embarcadero de suelo lunar. Los tripulantes habían salido 5 años antes, por allá por el año 2045, y era la primera vez que tocarían tierra; o más bien, alunizarían. Cuando llegaron a la luna se dieron cuenta de que había unas cositas borrosas y decidieron investigar el lugar para ver que era. Caminaron alrededor de la nave adentrándose a la nave madre que hacía años estaba instalada en el territorio lunar como base de la vida humana.                                                                                                                                                         Cuando entraron a la base se dieron cuenta que había unos extraterrestres que hablaban el idioma español y se sorprendieron; los extraterrestres eran de color naranja. Al poder comunicarse con estos seres, gracias al idioma en común, lograron enterarse de cómo era la vida allí, cuáles eran sus costumbres, sus tiempos, sus comidas... Le preguntaron si alguna vez habían viajado, si alguna vez habían probado la comida de la tierra, y si alguna vez habían visto a otro humano que no sean ellos. Él les contestó que nunca había conocido a alguien como ellos. Entonces quisieron saber cómo había logrado aprender a hablar en español. Este ser les contó que había, encontrado en la basura espacial, un diccionario en lengua española. A él le pareció interesante y divertido, por esta razón lo comenzó a utilizar. También les contó que, algunas veces, sus radios tomaban las ondas satelitales del Planeta Tierra y podían escuchar y aprender esa lengua tan extraña. Además, por el mismo medio, tomaba la señal de Cadena 3 y estaba obsesionado por conocer Córdoba, a Mario Pereyra, la peperina, el mate, al Negro Álvarez y ¡¡¡comerse un choripán!!! Jajaja. Como ya habían entrado en confianza, y el extraterrestre se había tranquilizado, los astronautas le ofrecieron si querría acompañarlos de regreso a la Tierra para mostrarle nuestro planeta y, de paso, él pudiera contar a los terrícolas como era la Luna, sus costumbres, enseñarles su idioma y hacernos sus amigos.                                

Aceptó la invitación alegremente, y dijo que le gustaría también sumar a sus 1500 hermanos al viaje…


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