LIDIA Y
SU GRAN AMISTAD por Solange
Paviatto
Había una vez, en el palacio más bello que puedas imaginar, una princesa que nada tenía que ver con las que aparecen en los cuentos.
Un
día, se fue a un bosque encantado a buscar una rica fruta. Como estaba tan
entretenida buscando entre los árboles, no advirtió que alguien la miraba
sigilosamente. Era un lindo príncipe que descansaba cerca de un lago con su
caballo blanco, reluciente. Cuando
la joven se dio cuenta de su presencia, se ofendió bastante porque se sintió
espiada. Le ordenó que saliera de su escondite y se presentara. El apuesto
príncipe le hizo una reverencia y le dijo que se llamaba Atilio. Ella lo miro
fuertemente a los ojos de ese bello príncipe y ahí sintieron una linda
conexión. Lidia, la princesa, se presentó al saber que él no era malo. Pero
como ya dijimos que esta princesa no era como todas las princesas de los
cuentos, se le ocurrió invitar a su nuevo amigo a montar a caballo, y nadar en
el estanque del palacio. Fue ahí que sus padres se enteraron de esa bella
amistad que ellos descubrieron en el bosque. Carlos y María, los papás de
Lidia, lo invitaron a Atilio a merendar con unas ricas galletas realizadas por
Lidia, para conocerlo un poco más. El muchacho les contó que vivía en un reino vecino,
que era hijo único y que se aburría muchísimo al no tener alguien de su edad
para conversar y entretenerse; entonces los reyes les dieron permiso para ser
amigos y frecuentarse.
Atilio y Lidia decidieron verse y encontrarse en el bosque, de
allí iban al estanque y a cabalgar todos los días, a la misma hora, en el mismo
lugar se encontraban para compartir una linda tarde juntos en el palacio de
Lidia. Y así disfrutaban sus días.
Y así disfrutaron por muchos años más, su amistad...Atilio y
Lidia fueron los mejores amigos.
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