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LAS DECISIONES DE LA PRINCESA por Aldana Nistal

 LAS DECISIONES DE LA PRINCESA por Aldana Nistal

 

Había una vez, en el palacio más bello que puedas imaginar, una princesa que nada tenía que ver con las que aparecen en los cuentos.

Y a esa princesa no le gustaba jugar a nada, solamente le gustaba pensar qué quería ser cuando sea grande. A ella la invitaban a jugar y no quería ir porque a ella no le gustaban los juegos, le gustaba imaginar o pensar cosas como, por ejemplo, como tener sus palacios cuando sea grande y se vaya a vivir sola a París, ésta era su más grande preocupación, además de qué iba a estudiar en un futuro. Los padres estaban muy preocupados. No entendían que su única hija no quisiera ser princesa sucesora, la futura reina de esas tierras. Para ver si la convencían, decidieron hacer un trato con ella. El trato, tenía muchos ítems. Entre ellos, el más pesado para ella. El rey le decía "Al ser hija de dos reyes, estás obligada a ser princesa y ser sucesora de las tierras, si no te gusta en este pueblo, llévala a París".                                                                                                                                                   

La madre no estaba muy convencida de lo que su esposo decía, ella no quería separarse de su hija, pero entendía que algo tenían que hacer. Le sugirió a su marido que le pusieran una penitencia hasta que la jovencita entendiera la posición de sus padres. La penitencia fue encerrarla en un establo donde se guardaban los caballos, los padres la recluyeron ahí durante un larguísimo mes. En ese tiempo se enamoró profundamente del guardia que cuidaba los caballos en el palacio de sus padres. El joven era muy sencillo pero muy sabio, y a lo largo de los días tuvieron mucho tiempo para conversar sobre la vida, sus responsabilidades, el amor y respeto hacia sus padres. Como la joven estaba tan enojada con los reyes, el muchacho le hizo comprender que los padres habían tomado esa decisión porque la amaban. La princesa dijo que también los amaba, pero se amaba mucho más ella, por eso no quería continuar con semejantes tierras y tanta riqueza. Prefería venderla y dejarlas en manos de otros antes de ser ella la dueña. Al momento de salir, sus padres iban a reencontrarse muy contentos, pensando que ya había cambiado de opinión, pero se llevaron con la sorpresa de que en ese mes que había estado encerrada no había servido de nada. Ella seguía sosteniendo que no quería ser rica, quería ser como los demás, como sus amigos, como sus vecinos, una persona normal. Además, les comunicó que estaba enamorada del joven que atendía las caballerizas del palacio. Los padres no lograban entenderla y la miraban con la boca abierta.

Después de unos minutos de asombro, se miraron y decidieron dejar de presionar a su hija y entenderla en sus decisiones. Ella, no podía creer que sus padres hubieran cedido y dejado en libertad. Corrió a los brazos de Gastón, el joven que ahora se había convertiría en príncipe; después de un largo beso, le dio las gracias por haberla escuchado y aconsejado. Llegó fin de año y juntos se fueron a vivir a París, previamente vendieron las tierras que le correspondían.

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