CONFLICTOS EN EL MAR de Agustina Bellón
Una serena noche de
verano, el barco se deslizaba silenciosamente por las aguas tranquilas del lago
sin que los marineros pudieran sospechar lo que les esperaba más adelante.
Mientras tanto los
marineros tenían tareas para hacer. Juan tenía que manejar el barco, José ponía
la vela y Pedro tenía que ver la brújula para guiar a Juan. De pronto,
ante tanta quietud, pudieron escuchar un sonido terrorífico que provenía de las
aguas, debajo del barco.
Todos estaban muy asustados, se asomaron a
ver y de repente se vio una aleta de un tiburón gigante. Encima se acercaba una
gran tormenta y las olas se enfurecían. El barco se balanceaba de un lado para
otro. ¡¡¡Era un chorro de problemas!!! Nadie
se había dado cuenta que la tormenta se acercaba y no habían preparado la nave.
El viento terrible destrozó las velas y el barco quedó a la deriva. Cada vez
que miraban las aguas, veían al tiburón que los seguía.
De repente José vio un arma flotando en el
agua. Él nadó hacia ella intentando darle al tiburón, con la buena puntería que
tenía José le dio y el tiburón se fue al fondo de mar. Todos estaban felices,
el cielo se despejó, y a lo lejos vieron un barco. La tripulación, un poco más tranquila después del susto pasado,
quisieron abordar el barco que se acercó a socorrerlos. La tripulación parecía amigable hasta que
todos estuvieron a bordo, pero allí desplegaron sus banderas y todos pudieron
observar que ¡¡¡eran PIRATAS!!!!
Ellos estaban asombrados, trataron de no hacer
nada y no llamarles la atención porque podían ser agresivos. Los marineros
estaban felices por su salvación, pero nerviosos.
Pero al final trataron de ser amistosos unos
con otros, los piratas decidieron llevarlos a su lugar de origen y así los
marineros pudieron volver a sus hogares.
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